El fundamento de una familia cristiana

Deuteronomio 11:18-19

Por tanto, pondréis estas mis palabras en vuestro corazón y en vuestra alma…
Y las enseñaréis a vuestros hijos, hablando de ellas cuando te sientes en tu casa,
cuando andes por el camino, cuando te acuestes, y cuando te levantes.”

(Deuteronomio 11:18-19)

 

Un matrimonio en el que ambos cónyuges tienen un corazón y una conciencia profundamente arraigados en la Palabra de Dios es lo primero que constituye el fundamento de una familia cristiana. De esa manera los hijos aprenderán a conocer el amor de Dios y la salvación por la fe en Jesucristo. Los padres deben ser ejemplos de la manera en que Dios actúa. Es el sentido de esta instrucción: “Las ataréis (las palabras de Dios)... en vuestra mano, y serán por frontales entre vuestros ojos” (v. 18). Para los hijos, la diferencia entre lo que los padres dicen y lo que hacen es el mayor de los obstáculos para conocer el camino de Dios.

La enseñanza de nuestros hijos no se limita simplemente a lo que oyen en la iglesia o durante la lectura de la Biblia en familia; debe formar parte integrante de nuestras conversaciones. En nuestras conversaciones a menudo separamos las cosas espirituales de las no espirituales. Por consecuencia, nuestros hijos se vuelven «bilingües»; hablan dos idiomas, el del mundo y el del cristianismo; de esta manera no correlacionan la Palabra de Dios con sus vidas diarias.

La marca de la Palabra de Dios debe verse en la familia, tanto en el interior como en el exterior, tanto “en los postes” de la casa como “en tus puertas” (véase v. 20). Realizamos muchos esfuerzos para mostrar un rostro cristiano de la familia a los demás, pero cuando la imagen exterior no corresponde a la realidad interior, los hijos, cuando salen, tenderán a abandonar su identidad cristiana de la casa. Sin embargo, si los padres se ocupan de sus “postes” y sus “puertas”, los hijos crecerán formando su carácter personal con la Palabra de Dios. No solamente lo manifestarán en el mundo, sino que también serán capaces de transmitirlo a sus propios hijos.