Perseverancia en la oración

Hechos 2:42

“Perseveraban en... las oraciones” –es la cuarta cosa que los cristianos hacían al principio (Hechos 2:42).

Pero, ¿cómo se compara esto con su vida de oración? ¿Ha sido descuidada? ¿Es usted como los laodicenses, que probablemente no oraban porque consideraban que no tenían necesidad de nada (Apocalipsis 3:17)? Seguramente ninguno de nosotros puede decir que no tiene necesidad de algo del Señor. Todos reconocemos que necesitamos su poder para servirle día a día. Qué cosa tan extraña es que un cristiano no ore.

Pablo no cesaba de orar (Colosenses 1:9). En otras palabras, había una constancia en su vida de oración. Tal vez le parezca difícil orar, y diga : «Intenté orar durante una hora una vez, pero al cabo de unos cinco minutos estaba pensando en mi perro, y luego en la compra, y después en los niños, en el fútbol... y me rendí porque no pude orar una hora». Bien, hay un remedio muy práctico para esto: empezar con oraciones cortas. Ore hoy durante dos minutos, empezando quizás con: «Señor, soy yo otra vez. Siento haber descuidado la oración. Por favor, ayúdame. Amén». Acostúmbrese a hacer oraciones breves: son mejores que no orar. Entonces, después de un corto tiempo, encontrará que el Señor le dará la gracia de orar durante cinco minutos, luego diez y así sucesivamente.

Pero además de la oración personal, la oración colectiva en la iglesia es muy importante: esto es lo que los creyentes hacían juntos en Hechos 2:42. No descuide la reunión de oración, que es tan importante como la cena del Señor. En ella manifestamos de manera especial nuestra dependencia de Dios. Si se quiere dar expresión a lo que es la iglesia, no solo es alabanza y adoración, sino también dependencia por medio de la oración.

Cuando ore, sea sincero en sus expresiones. Debemos orar con seriedad y verdad, diciendo: «Señor, esto es lo que necesitamos», y luchar en oración, para que tengamos realidad en nuestra vida cristiana. La práctica al principio era continuar firmemente en la oración. No decían: «Esa no fue una gran reunión de oración; no volveré a ir», sino que perseveraban en la oración.

A los jóvenes: No dejen de ir a la reunión de oración, y participen en las oraciones. Ustedes, hermanos, pueden decir: «Nunca tengo la oportunidad de orar: los hermanos mayores ocupan todo el tiempo». Bueno, eso me pasaba a mí cuando era más joven, pero podía decir «amén» al final de cada oración. Estar presente en la reunión de oración también le pondrá bajo la atmósfera y la influencia de hombres piadosos que están orando y le mostrarán cómo oran, utilizando las Escrituras al hablar con Dios sobre Su voluntad. ¡Cómo se enriquecerá su vida cristiana! No hace falta expresarse en forma audible. Mientras está de rodillas, solo diga en voz baja al Señor: «Escucha mi oración». El Señor oirá la oración de todo corazón sincero.

La reunión de oración es también para las hermanas. Usted, como hermana, puede pensar: «Oh, esos hermanos oran mucho tiempo» o, «se oró sobre eso la semana pasada y la anterior», pero los hermanos pueden tener verdaderas cargas sobre las cosas del Señor o algún asunto en particular. Ore junto con los hermanos y anímelos en sus oraciones con un sincero «amén». Por eso mismo decimos «amén» juntos: El hermano que ora, es un siervo en la iglesia, y esta muestra que tiene un solo corazón y mente al decir «amén». Tal vez las hermanas podrían decir: «Nosotras no oramos», pero sí lo hacen –o deberían hacerlo– diciendo «amén», manifestando así que la oración del hermano es la suya también. Oh, qué podamos ser verdaderamente hermanos y hermanas de oración.