Un cuerpo

Efesios 4:4

La Palabra de Dios distingue entre los creyentes del Antiguo Testamento y los que ahora son “por un solo Espíritu... todos bautizados en un cuerpo” (1 Corintios 12:13). La cuestión del “un cuerpo” depende realmente de ese bautismo, porque solamente aquellos que son bautizados por el Espíritu constituyen ese cuerpo; y es bien cierto que tal bautismo no existía antes del día de Pentecostés (Hechos 1 y 2).

Es evidente que los creyentes del Antiguo Testamento fueron nacidos del Espíritu, justificados por la fe, y que estaremos sentados con ellos en el reino de los cielos. Pero el Nuevo Testamento nos muestra que, además de los privilegios comunes de los fieles, una unidad corporativa de creyentes fue formada por la venida del Espíritu Santo, como consecuencia del cumplimiento de la redención por nuestro Señor Jesucristo; y esta unidad es llamada “un cuerpo”. Los capítulos 2, 3 y 4 de la epístola a los Efesios son muy claros en referencia a esto.

Son miembros de este único cuerpo aquellos en quienes mora el Espíritu Santo. Él los une a una gloriosa Cabeza en el cielo. La unidad de la que se trata aquí es un hecho que subsiste actualmente, por lo cual es imposible atribuir a los creyentes que nos precedieron un lugar en ella. Las Escrituras no les dan jamás ese lugar. El creer les “fue contado por justicia” (Santiago 2:23), como a nosotros; pero el Espíritu Santo no había sido enviado todavía sobre la tierra, como lo es ahora, para bautizar a judíos y gentiles como creyentes en un cuerpo.

Además, el capítulo 12 de la epístola a los Hebreos distingue muy claramente “los espíritus de los justos hechos perfectos”, es decir los creyentes del Antiguo Testamento, de “la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos” (v. 23), es decir los creyentes del Nuevo Testamento. De manera que este pasaje, con el de 1 Corintios 12 y Efesios 2 a 4, contradicen la acostumbrada confusión que se hace sobre este punto.