Al final de su vida, David se describe a sí mismo como “el dulce cantor de Israel” (2 Samuel 23:1).
El Salmo 23 es uno de los más conocidos de sus salmos. Cuando dice: “Jehová es mi pastor”, sabe de lo que habla, porque había sido pastor desde su juventud. Cuando Samuel fue a la casa de Isaí para ungir a uno de sus hijos como rey, David, el más joven, no estaba allí. No era bien considerado en su propia familia. ¿Dónde estaba? ¿Qué dijo Isaí? “Apacienta las ovejas” (1 Samuel 16:11). Allí, David aprendió a alimentar a las ovejas; una lección útil para el futuro. El Señor lo usó con creces para alimentar al pueblo de Dios, ya sea el pueblo terrenal de su tiempo o los creyentes de todas las épocas. Los salmos de David, en particular, han proporcionado alimento espiritual, consuelo y fortaleza a muchas generaciones de creyentes.
La fuerza del pastor
No solo David era el olvidado en su familia, sino que el rey Saúl también lo consideró incapaz de luchar contra Goliat. Le dijo: “No podrás tú ir contra aquel filisteo, para pelear con él; porque tú eres muchacho, y él un hombre de guerra desde su juventud” (1 Samuel 17:33). Goliat era un hombre de guerra. ¿Y David? Había sido pastor desde su juventud. Saúl pensaba que no estaba preparado para enfrentar a Goliat. ¿Pero qué le dijo David? “Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada, salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca; y si se levantaba contra mí, yo le echaba mano de la quijada, y lo hería y lo mataba. Fuese león, fuese oso, tu siervo lo mataba; y este filisteo incircunciso será como uno de ellos, porque ha provocado al ejército del Dios viviente” (v. 34-36). David no solo aprendió a alimentar a las ovejas, sino también a protegerlas de sus enemigos. Confió en Dios para luchar contra el león y el oso e hizo lo mismo para enfrentar a Goliat. Proteger al rebaño fue apropiado para formar a David, el pastor, para proteger al pueblo de Israel cuando se convirtió en rey. Fue un hombre de guerra toda su vida, “uno que es poderoso” (Salmo 89:19), y en la mayoría de sus combates, confió en Dios que lo había ayudado anteriormente.
El corazón del pastor
Este carácter de pastor estaba tan fuertemente impreso en su ser interior que David mostró un corazón no solo hacia las ovejas, sino también hacia las personas. En la cueva de Adulam, “se juntaron con él todos los afligidos, y todo el que estaba endeudado, y todos los que se hallaban en amargura de espíritu” (1 Samuel 22:2). Y cuando Abiatar, el sacerdote, se refugió con él, le dijo: “Quédate conmigo, no temas; quien buscare mi vida, buscará también la tuya; pues conmigo estarás a salvo” (v. 23).
Cuando se convirtió en rey sobre Israel, su pueblo, asumió toda la responsabilidad de un pastor hacia su rebaño. En el asunto del censo, su pecado trajo el juicio de Dios sobre Israel, y David, profundamente sensible al sufrimiento de su pueblo, dijo a Dios: “Yo pequé, yo hice la maldad; ¿qué hicieron estas ovejas? Te ruego que tu mano se vuelva contra mí, y contra la casa de mi padre” (2 Samuel 24:17). A lo largo de su historia, Israel a menudo ha sufrido debido a las faltas de sus malos pastores (Ezequiel 34), ¡pero no fue así con David! Él asumió personalmente toda la responsabilidad.
El trabajo del pastor
En el Nuevo Testamento, el pueblo de Dios también es considerado un rebaño en el cual algunos son llamados a un servicio de pastor: aquellos quienes reciben un don de pastor y también los ancianos, que son exhortados a cuidar de la grey (1 Pedro 5:2). Tienen mucho que aprender de David, quien fue un buen pastor.
El trabajo del pastor tiene varios aspectos:
- Alimentar a las ovejas: “Vuestros conductores, que os anunciaron la palabra de Dios” (Hebreos 13:7, versión francesa J.N.D.).
- Proteger al rebaño: “Mirad por vosotros, y por todo el rebaño” (Hechos 20:28).
- Realizar estos dos servicios con el sentimiento de su responsabilidad ante Dios: “Ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta” (Hebreos 13:17).
Se pueden discernir algunos rasgos adicionales en el pasaje del salmo 78 donde Asaf habla de David: “Eligió a David su siervo, y lo tomó de las majadas de las ovejas; de tras las paridas lo trajo, para que apacentase a Jacob su pueblo, y a Israel su heredad. Y los apacentó conforme a la integridad de su corazón, los pastoreó con la pericia de sus manos” (v. 70-72).
- “Eligió a David”. El Señor elige a los pastores; no son consagrados por hombres;
- “David su siervo”. Los pastores son siervos de Dios. Hoy en día, se habla fácilmente de líderes, pero Dios los honra con el título de siervos;
- “y lo tomó de las majadas de las ovejas”. Dios tomó a David de allí donde estaba. No olvidemos de dónde venimos, en donde el Señor nos encontró;
- “de tras las paridas lo trajo”. David conocía las necesidades particulares entre sus ovejas;
- “para que apacentase a Jacob su pueblo, y a Israel su heredad”. ¡Nunca olvidemos que las ovejas son del Señor, no nuestras! “Apacienta mis corderos... Pastorea mis ovejas... Apacienta mis ovejas” (Juan 21:15-17);
- “y los apacentó conforme a la integridad de su corazón”. La integridad de corazón debe caracterizar en primer lugar la condición moral de los pastores;
- “los pastoreó con la pericia de sus manos”. Este servicio requiere una aptitud particular. El Señor da a cada uno conforme a su capacidad (Mateo 25:15).
La actitud del pastor
A lo largo de su carrera, un pastor recibe su formación y dirección del Señor Jesús, el buen y gran Pastor, el Príncipe de los pastores (Juan 10:11; Hebreos 13:20; 1 Pedro 5:4). Es en el Señor en quien debe fijar su atención para llevar Sus características y servir en pos de Él.