Equipados para luchar
“Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos” (2 Corintios 10:4-5).
Nos sorprendería mucho, e incluso nos escandalizaría, ver a un jefe militar describir a sus soldados el enemigo despiadado al que se van a enfrentar, y luego enviarlos al combate sin armas.
Padres cristianos, tengamos cuidado de no tener la misma actitud con nuestros hijos: aprendamos a equiparlos para combatir. Ciertamente, la Palabra nos dice: “El diablo... anda alrededor buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8), pero no basta con advertirles de los peligros que presenta el mundo. Y sobreprotegerlos prohibiéndoles todo contacto fuera de la familia de Dios, no es prepararlos para su vida futura. Además, no olvidemos que el Señor dijo a su Padre: “No ruego por el mundo, sino por los que me diste... No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal” (Juan 17:9, 15). La única protección verdaderamente eficaz será la que construyamos con nuestras oraciones continuas por ellos.
Nuestra responsabilidad es preparar a nuestros hijos para caminar en este mundo de una manera que honre al Señor. Para ello, es necesario que nosotros mismos llevemos una vida que demuestre a quién pertenecemos y a quién obedecemos.
Es importante que nuestros hijos comprendan desde temprana edad que nuestra guía es la Palabra de Dios. Leamos la Biblia con ellos y ayudémosles a comprenderla y a aplicarla a su vida cotidiana. Que desde pequeños acepten su autoridad y crean lo que dice. No temamos asegurarnos de ello. Cuando surja una pregunta, nuestra respuesta será: «Busquemos lo que Dios nos dice al respecto en su Palabra». Por supuesto, la Biblia no es un libro de recetas, pero siempre encontraremos una indicación sobre la respuesta que debemos dar.
“Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” (Proverbios 22:6).
“¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra” (Salmo 119:9).
Equipados para resistir
“Estoy seguro que (Cristo) es poderoso para guardar mi depósito” (2 Timoteo 1:12).
Otro recurso importante es la oración. Cuando vemos a nuestro hijo infeliz o perturbado, aunque no sepamos la razón, propongámosle pedir juntos la ayuda del Señor en oración. Y sigamos orando nosotros mismos por él, solicitando que mantenga el hábito de entregarlo todo al Señor en su vida. Recordemos que la mayor parte del tiempo dedicado a la educación de nuestros hijos se pasa en oración. Para este tema tan importante, el Señor nos invita a “orar siempre, y no desmayar” (Lucas 18:1).
Animémonos con la certeza que nos da el versículo de este capítulo referente a nuestros hijos.
Actualmente, una de las grandes preocupaciones de los padres cristianos es el lugar que ocupan los nuevos medios de comunicación en la vida de sus hijos. Es importante estar muy atentos, en particular adaptar el acceso a internet en función de sus edades y advertirles de los peligros de esta puerta abierta a todo. No se trata de demonizar lo que se encuentra en internet, sino de enseñar a nuestros hijos a ser sobrios y a saber rechazar lo que deshonra al Señor. Vivimos en el siglo 21, en el que no podemos prescindir de estos nuevos medios de comunicación en la vida cotidiana, por ejemplo, para todos los trámites administrativos. También son un vehículo formidable para intercambiar información fácilmente y mantenerse en contacto con muchas personas. Cabe recordar además la gran ayuda que proporciona internet en la difusión del Evangelio y las enseñanzas bíblicas, tanto cerca como lejos.
Algunos padres establecen con sus hijos una guía de buen uso de los teléfonos móviles. Es algo positivo, pero también en este caso, ¿qué ejemplo les estamos dando a nuestros hijos? ¿Somos capaces de resistir nosotros mismos el atractivo de las pantallas de todo tipo? Una vez más, comencemos por dar el buen ejemplo, el de la sobriedad digital.
Lo que equipará a nuestros hijos para resistir es, ante todo, ayudarles a crecer en la fe y la obediencia al Señor; él actuará sobre su conciencia y les mostrará cómo huir de todo lo que no es bueno para un cristiano, joven o mayor.
Equipados para mantenerse firmes
“Porque los montes se moverán, y los collados temblarán, pero no se apartará de ti mi misericordia, ni el pacto de mi paz se quebrantará, dijo Jehová, el que tiene misericordia de ti” (Isaías 54:10).
¿Qué hacer cuando vemos o sentimos un desvío? Comencemos por pedirle al Señor que nos dé palabras que puedan ser escuchadas. No temamos hablar con nuestros hijos sobre temas difíciles cuando nos damos cuenta de que es necesario para que estén bien equipados para “resistir… y habiendo acabado todo, estar firmes” (Efesios 6:13). Más de una vez, un cristiano adulto ha dado las gracias a su padre o a su madre por haber tenido el valor de advertirle en una circunstancia concreta, aunque en ese momento se sintiera muy molesto.
¿Cómo regular el uso de todos estos medios modernos? He aquí algunos consejos entre muchos otros:
- Desde una edad temprana, limitar el tiempo que los niños pasan frente a las pantallas. Se pueden poner alarmas o incluso limitadores de tiempo. Procuremos que descubran las ventajas de otro tipo de actividades.
- Reducir el número de pantallas individuales en casa y no dejar que los niños naveguen solos por internet. Comprobar regularmente lo que han consultado y hablar con ellos al respecto. Si sus hijos sienten su presencia vigilante, eso ya será una protección.
- Antes que nada, hablemos con el Señor sobre este problema de la actualidad. No olvidemos que, aunque los tiempos cambian, los recursos divinos siguen siendo los mismos. Las grandes transformaciones de este mundo no deben asustarnos, porque el Señor mismo ha prometido: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mateo 24:35).
Confiemos fielmente nuestros hijos al Señor, que sabrá guardarlos en un mundo que varía y se aleja cada vez más de él.