Bien guardado

Salmos 121

Algunos pensamientos sobre el Salmo 121

El Salmo 120 nos presenta a un creyente judío que se encuentra en dificultades en un país extranjero y quisiera ser librado. Es su deseo volver a Jerusalén, la ciudad amada (Salmo 122). Sin embargo el camino es largo, difícil y lleno de peligros (Salmo 121). El israelita que tiene este proyecto no cuenta con el apoyo de los grandes y poderosos de este mundo –“los montes” (v. 1)– para acompañarlo en su camino. Entonces mira por sobre “los montes” a Aquel que hizo los cielos y la tierra. Espera de Dios el socorro para su viaje (v. 2).

Mirando con confianza hacia arriba, el salmista recibe promesas de protección y socorro de parte de Dios, como lo muestran los versículos siguientes. Para nosotros los cristianos, que atravesamos un mundo lleno de peligros al dirigirnos hacia la meta celestial, podemos encontrar mucho aliento en las palabras de este salmo.

El pie será guardado

“No dará tu pie al resbaladero, ni se dormirá el que te guarda” (v. 3).

El que debe hacer un trayecto largo, primero se pregunta si sus pies podrán hacerlo. ¿Caeré, resbalaré o abandonaré completamente agobiado? La promesa divina asegura: “No dará tu pie al resbaladero” y el que hizo esta promesa jamás se cansa; Dios no olvida ni un momento al creyente viajero.

Dios nos ve cuando las dificultades de la carrera nos agobian. Conoce los trayectos escarpados y fatigosos del camino de la fe. Pero da continuamente la fuerza para hacer el próximo paso. Nos conduce con seguridad cuando el enemigo tiende lazos; nos guarda sin caída (Salmo 124:7; Judas 24), por esto podemos mirar a lo alto con confianza en Aquel que nos guardará en su nombre.

Todo el pueblo será guardado 

“He aquí, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel” (v. 4).

La expresión “He aquí” es como un indicador que atrae nuestra atención sobre algo importante: Dios no tiene cuidado solamente de un individuo sino ¡de todo el pueblo! Es un gran trabajo que ningún hombre podría ejecutar, ni siquiera en forma parcial. Pero Dios se ocupa sin cesar de todos los que le pertenecen.

¿No es una gran consolación saber que Dios vela sin cesar sobre todo su pueblo, y que cada uno de aquellos que avanzan en el camino de la fe es el objeto de sus cuidados? Él protege a aquellos que, haciendo sus primeros pasos en la fe, no son realmente conscientes de los peligros a los que estarán expuestos en el camino. Pero sus alientos llenos de amor son también dirigidos a los que están cansados por un largo caminar y esperan, suspirando, llegar a la meta. Él los guarda a todos.

La mano derecha será guardada

“Jehová es tu guardador; Jehová es tu sombra a tu mano derecha” (v. 5).

Dios es el que guarda y ayuda al creyente que debe ir a Jerusalén. ¿Podrá hacer frente el viajero a todas sus tareas? Su mano derecha, la que debe trabajar, ¿se debilitará con el calor del oriente? No, porque Dios está allí. Es él que da la sombra y es también la sombra de la mano derecha del trabajador. Esto significa que en cierta manera Dios está a su lado y asegura que las tareas serán protegidas y terminadas.

No estamos abandonados a nosotros mismos en todos los trabajos que nos esperan. Hay Alguien que tiene cuidado de nosotros. Nos sostiene en el trabajo y permite su cumplimiento. Sin Él, nada es realmente un éxito (Salmo 127:1), pero con Él podemos hacer lo que le honra.

La cabeza será protegida 

“El sol no te fatigará de día, ni la luna de noche” (v. 6).

Cuando se viaja, no se trata solamente de la actividad de los pies y de las manos, el viajero también está sometido a influencias exteriores que no dependen de él. Durante el día, el sol es fuerte (Jonás 4:8) y, durante la noche, la luz de la luna lo cansa. Dios no hace desaparecer los rayos del sol o de la luna sino que protege al creyente para que no sea desanimado, molestado o detenido.

Quiera Dios que todas las situaciones fastidiosas e irritantes no nos hagan mal interiormente. Nuestra vida de fe no será perturbada por acontecimientos grandes o pequeños. A menudo Dios no las hace desaparecer, sino que renueva “nuestro hombre interior” (2 Corintios 4:16).

El alma será guardada

“Jehová te guardará de todo mal; él guardará tu alma” (v. 7).

La protección divina es completa: el salmista es guardado en su totalidad. Todo lo que está en contra del viajero será alejado por el poder y la gracia de Dios. No permitirá que ningún ladrón lo toque.

Nosotros, los cristianos, podemos decir con el apóstol Pablo: “El Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial” (2 Timoteo 4:18). No hay nada que nos obligue a alejarnos de la comunión con Cristo o desviarnos de nuestra meta celestial. “Fiel es el Señor, que os afirmará y guardará del mal” (2 Tesalonicenses 3:3).

Somos guardados permanentemente

“Jehová guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre” (v. 8).

La protección no es solo sin límites, sino también permanente. Está presente para todo el camino: para la salida del país de Mesec (Salmo 120:5) hasta la entrada en la santa ciudad de Jerusalén, como en todas las etapas intermedias. Dios nos guardará “desde ahora”, es decir a partir del momento en que el viajero se pone en camino con confianza. Hasta que la meta sea alcanzada. Dios nos guarda desde que hacemos los primeros pasos difíciles de la fe. Nos guarda también en la última sección difícil del camino. Y tenemos la certeza de que en cada paso, entre el principio y el fin del viaje, Dios nos guardará de toda influencia negativa del maligno. ¡A Él sea la gloria!