Las siguientes notas fueron preparadas con motivo de una conferencia en Felidia, Colombia, en abril de 2025
1. El nuevo nacimiento
(Juan 3:3-8)
El nuevo nacimiento no se puede ver, pero sabemos que existe. No se puede explicar al 100%, pero se puede experimentar al 100%. ¿Qué significa esto? En la Biblia encontramos dos aspectos:
- El nuevo nacimiento es una obra de Dios realizada en una persona que acepta lo que hizo el Señor Jesús en la cruz mediante arrepentimiento y fe
- Por otro lado, el nuevo nacimiento es una maravilla de Su gracia, que no podemos entender ni explicar completamente con nuestra mente, de manera intelectual.
En Juan 3:8, el Señor Jesús utiliza la imagen del viento (en griego es la misma palabra que «espíritu») para explicarlo:
- “El viento sopla de donde quiere”. Esto demuestra que el nuevo nacimiento es una obra soberana de Dios. Nosotros, como hombres, no podemos controlar ni influir en el viento. Lo mismo se aplica al nuevo nacimiento. No tenemos influencia
- en qué, dónde, cómo ni en quién obra Dios.
- “No sabes de dónde viene, ni a dónde va”. El nuevo nacimiento es un misterio (secreto). Su proceso no puede explicarse plenamente. No podemos ver el viento, no conocemos su origen, ni su destino.
Versículo 3: “El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”. Nicodemo se sorprendió. Él, un fariseo, un jefe de los judíos, ¿no podría ver el reino de Dios? Sí, incluso un hombre como Nicodemo tenía que nacer de nuevo. Esto muestra la total imposibilidad del hombre natural de llegar a la presencia de Dios y tener comunión con él.
¿Qué significa nacer de nuevo? Nacer de nuevo, o nacer de lo alto (v. 3 y 7) significa, nacer de una manera completamente distinta, de una fuente de vida completamente nueva. Dios no puede usar nada en absoluto del “viejo hombre” (Romanos 6:6). No hay nada que pueda ser mejorado o refinado con lo que Dios pueda relacionarse. Para conocerle y tener comunión con él, debemos convertirnos en “una nueva criatura” (2 Corintios 5:17).
“Nacido de Dios” (Juan 1:13; 1 Juan 3:9; 4:7; 5:1, 4, 18) muestra el origen y la fuente de este nuevo nacimiento. Este maravilloso acontecimiento procede de Dios (Juan 1:13).
“Nacido de agua y del Espíritu” (Juan 3:5)
El Espíritu habla del Hacedor. El Espíritu Santo es una de las personas de la Divinidad, que actúa en este proceso. Él obra en el alma de una persona por medio del agua.
El agua aquí –como en muchos otros pasajes de la Biblia– es una imagen de la Palabra de Dios en su carácter purificador (Juan 13:10; 15:3; Efesios 5:26). El agua limpia aquello a lo que se la aplica. El Espíritu Santo aplica la Palabra de Dios a nuestro corazón y a nuestra conciencia, provocando una purificación a fondo, en lo interior. Nos damos cuenta de que estamos perdidos en pecados. Esto sucede con cada persona que cree en el Señor Jesús.
Esta purificación es completa, como decimos: «borrón y cuenta nueva». En Números 19, el agua de purificación tenía que ser mezclada con las cenizas del sacrificio. La ceniza habla del fuego consumidor, del juicio de Dios que cayó sobre el Señor Jesús por nuestros pecados. Así somos hechos conscientes de los sufrimientos del Señor Jesús a causa de nuestros pecados, y el Espíritu Santo aplica las cenizas de ese juicio a nuestra conciencia.
El Espíritu de Dios produce el nuevo nacimiento mediante la aplicación de la Palabra de Dios (1 Pedro 1:23; Santiago 1:18).
¿Y qué de la conversión?
Hemos visto que el nuevo nacimiento es solo obra de Dios. La pregunta ahora es: ¿No tenemos que hacer nada en absoluto? La respuesta es: El nuevo nacimiento y la conversión van juntos, y ambos suceden al mismo tiempo. Esto manifiesta los dos aspectos del mismo evento:
- La conversión es el lado de la responsabilidad del hombre.
- El nuevo nacimiento es el de la gracia de Dios (Juan 1:12-13).
El versículo 12 de Juan 1 nos muestra la conversión, y el versículo 13 el lado de Dios. Dice: “son engendrados” (nacidos), no dice serán engendrados. El que se ha «convertido» y ha confesado sus pecados es, al mismo tiempo, “nacido de Dios”. Lo mismo en Juan 3:16: ¡El que cree en él, tiene vida eterna, no la tendrá más tarde! Conversión y nuevo nacimiento ocurren al mismo tiempo. No podemos explicarlo, pero lo aceptamos por fe.
No visible, pero perceptible
La comparación con el viento en Juan 3:8 nos muestra que no podemos ver ni explicar el proceso del nuevo nacimiento. Pero, así como podemos oír el viento y ver sus efectos (¡particularmente en una tormenta!), de la misma manera, el nuevo nacimiento que hemos recibido debe hacerse visible en nuestras vidas.
Algunas características de la nueva naturaleza en nosotros, las encontramos en la primera epístola de Juan:
- No practica el pecado (1 Juan 3:9)
- Hace justicia (1 Juan 2:29)
- Ama a los hermanos (1 Juan 3:10, 14)
- Cree que Jesús es el Cristo (1 Juan 5:1)
- Vence al mundo (1 Juan 5:4) Son características fundamentales de la nueva naturaleza.
Cuando estos rasgos se hacen visibles prácticamente en nuestra vida y nos caracterizan día tras día, queda claro para quienes nos rodean que hemos nacido de nuevo, que hemos recibido una vida nueva.
¿Pueden las personas ver eso en usted, y en mí?