Cosas nuevas /2

2 Corintios 5:14-21

Las siguientes notas fueron preparadas con motivo de una conferencia en Felidia, Colombia, en abril de 2025.

2. La nueva criatura 

(2 Corintios 5:14-21)

La primera y la nueva creación

Dios es el creador de la primera y de la nueva creación. En la primera creación los reinos están bajo el dominio divino. Su gobierno adopta formas diferentes según las épocas. En tiempos de David, Dios colocó en el trono de Israel a un hombre conforme a su corazón y lo dirigió directamente. Hoy, en los tiempos de los gentiles, Él dirige providencialmente a los gobernantes. Les marca el rumbo de antemano y les impone límites. En el glorioso reinado de Cristo en el futuro milenio, Dios terminará con su primera creación.

La nueva creación surge de la perfección de la naturaleza divina. Entonces desaparecen todo dominio, autoridad y poder (1 Corintios 15:24). Todo descansa de acuerdo con Su naturaleza divina, como Dios de luz y amor, de modo que la justicia mora en la nueva creación (2 Pedro 3:13).

La primera creación

La primera creación abarca los cielos y la tierra que Dios había creado al principio. Todo lo hizo Dios y pudo decir: “He aquí que era bueno en gran manera” (Génesis 1:31). Pero dos acontecimientos afectaron al mundo creado:

  • Satanás, un ángel caído, que fue príncipe entre los ángeles (Ezequiel 28:13-16), dañó la esfera de los lugares celestiales, desconocidos e invisibles para nosotros, contaminados por la presencia de “huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12).
  • El primer hombre, Adán, cayó en pecado. Por su transgresión, toda la creación ha entrado en un estado de naturaleza pecaminosa y perecedera; los animales, las plantas, toda la materia, están alejados de Dios y sometidos a la esclavitud de corrupción (Romanos 8:19-22).

Hoy, al contemplar el universo y la naturaleza que nos rodea vemos la divinidad y la gloria del Creador, por un lado, y la maldición del pecado por otro.

1.            Cristo, redentor de la primera creación

Jesucristo hizo “la paz mediante la sangre de su cruz” (Colosenses 1:20). Al hacerlo, creó las condiciones para que las cosas que están en la tierra y las que están en los cielos se reconciliaran con Dios. Ya se han colocado las bases para ello, pero su cumplimiento está aún por llegar. En el reino de paz que vendrá, Dios liberará a la primera creación de la maldición del pecado y la llevará a la perfección. Por Juan 1:29 sabemos que Jesús, “el Cordero de Dios… quita el pecado del mundo” en virtud de su muerte sacrificial. Esto se realizará parcialmente —aunque no totalmente—durante el milenio, en la primera creación. La naturaleza volverá a estar en armonía con su Creador y consigo misma con excepción de la serpiente: “El polvo será el alimento de la serpiente” (Isaías 65:25). Esto indica que la muerte no desaparecerá todavía (v. 20). 

2.            Cristo, principio de la nueva creación

Sin embargo, el efecto de la muerte de Jesucristo bajo la forma del holocausto —tal como se nos presenta en el evangelio según Juan— va más allá de la primera creación. Es también la base de la nueva creación. Debido a que el Señor Jesús en su muerte glorificó a Dios infinitamente y para siempre, y el Padre desplegó toda su gloria para resucitarlo de entre los muertos (Romanos 6:4). Así comenzó la nueva creación o el mundo de la resurrección, pues Cristo, como primogénito de entre los muertos (Colosenses 1:18), es el principio de la nueva creación (Apocalipsis 3:14). 

3.            Los creyentes somos una nueva creación

Nosotros, que hemos creído en el tiempo de la gracia, ya pertenecemos a la nueva creación en el espíritu (2 Corintios 5:17). En este ámbito, no rigen las diferencias culturales, sociales, ni de género (Gálatas 3:28; 6:15). Como redimidos, todos tenemos la misma posición en Cristo. Todos tenemos los mismos privilegios cristianos a través del Espíritu Santo. Todos tenemos las mismas oportunidades de comunión con Dios Padre. A través del lavamiento de la regeneración y la renovación del Espíritu Santo (el nuevo nacimiento) hemos sido colocados en este nuevo terreno (Tito 3:5). Y como aquellos que han sido resucitados con Cristo, somos capaces de buscar las cosas de arriba, donde está Cristo (Colosenses 3:1). 

4.            Los creyentes siguen viviendo en la primera creación

De modo que ya somos “primicias de sus criaturas” (Santiago 1:18), es decir, somos los primeros en participar en la nueva creación, aunque todavía no plenamente. Porque nuestro cuerpo sigue perteneciendo a la primera creación. Por eso aún podemos enfermar y morir como redimidos (Romanos 8:23). Porque sabemos esto y vivimos en esta situación, esperamos al Señor Jesús que venga como Salvador. Él transformará nuestros cuerpos en conformidad con su cuerpo de gloria. Entonces nuestro cuerpo también formará parte de la nueva creación (Filipenses 3:20-21). 

Ahora seguimos viviendo en una tierra y en un mundo que pertenecen a la primera creación. Por eso estamos obligados a cumplir los principios que Dios dio para la primera creación. El orden divino y los signos exteriores del mismo se nos presentan principalmente en 1 Corintios 11:1-16. No discutimos este orden ni lo cuestionamos. Por la gracia de Dios, obedecemos estas sencillas instrucciones divinas y las aplicamos en la vida cotidiana. Esto nos permite dar testimonio de Dios en un mundo ateo y oscuro. 

5.            Lo viejo se ha ido, lo nuevo ha llegado

El mundo actual es malo. Desde la crucifixión del Señor Jesús, ha quedado claro que todos los esfuerzos humanos en la creación presente llevan el sello de la muerte. Así lo expresa el apóstol Pablo en 2 Corintios 5:14: “Habiendo juzgado esto: que uno murió por todos, luego todos murieron”. Dado que el hombre natural se encuentra en estado de muerte espiritual, todas sus actividades carecen de valor y son inútiles para Dios. 

Por eso, las personas que han creído en Jesucristo y en su obra de salvación no emplean su tiempo y su energía en mejorar la situación del mundo mediante actividades políticas, culturales o religiosas. Para ellos lo antiguo ha pasado. Viven y actúan en un ámbito caracterizado por Cristo resucitado, en el ámbito de la nueva creación. Su vida y su ministerio se identifican por su súplica a la gente: “¡Reconciliaos con Dios!” (2 Corintios 5:20).

6.            El testimonio de la nueva creación

La Iglesia o Asamblea ha recibido el encargo de dar testimonio de su vocación celestial y de representar la nueva creación. Lamentablemente, la Iglesia, en su responsabilidad ante Dios, no ha cumplido esta tarea. En lugar de dar testimonio de un Cristo muerto y resucitado, se unió al mundo (Apocalipsis 2:8-13). Al final del testimonio cristiano, el Señor se presenta a sí mismo a la iglesia en Laodicea como el “principio de la creación de Dios” (3:14). Al hacerlo, le muestra que Él ocupa su lugar como verdadera representación de la nueva creación. Esto hace referencia a su reinado en el milenio. Esta época de bendición y paz es un anticipo del estado eterno en su orden moral (Hebreos 12:27). De esto se deduce que este tiempo futuro de bendición y paz no solo marcará la culminación de la primera creación, sino que también señalará a la nueva creación en el estado eterno.

7.            El milenio

El Señor Jesús vendrá con gran poder y gloria y establecerá su reino de paz. Los cielos serán purificados y la tierra libertada de la maldición del pecado (Romanos 8:21; Apocalipsis 12:10). Gracias a su muerte sacrificial, Cristo completará la primera creación. Como resultado, el Dios Altísimo se revelará en su poder y sabiduría a todos los hombres en la perfección de la primera creación.

En ese tiempo bendito no habrá más engaños hacia el mal. Satanás, el adversario de Dios, será atado y arrojado al abismo (Apocalipsis 20:1-3). Por el poder del Señor, cualquier rebelión del hombre contra Dios será castigada inmediatamente (Salmo 101:6-8). Pero el buen ambiente externo no cambiará al hombre. Muchos se someterán al Señor solo con lisonjas para evitar el juicio inmediato.

Al final del milenio el hombre será probado por última vez. Satanás será liberado de su prisión. Habrá una confrontación de los impíos con los fieles, y una prueba final dividirá a los hombres. Muchos seguirán a Satanás y su fin será el juicio y el lago de fuego (Apocalipsis 20:7‑15). Los demás, rodeados y acosados por los impíos, permanecerán fieles y habitarán para siempre en la tierra nueva.

8.            El estado eterno

Cuando Dios complete la primera creación en el milenio, la envolverá como en un vestido o como en una cubierta (Hebreos 1:10-12). Los cielos actuales pasarán, los elementos se disolverán en el fuego, y la tierra y las obras que hay en ella serán quemadas. A través de esta disolución y transformación, según la promesa de Dios, llegarán a existir cielos nuevos y una tierra nueva (2 Pedro 3:10-13). Como resultado, la nueva creación se desarrollará plenamente y el estado eterno estará allí.

 

Tres hechos, en Apocalipsis 21:1-8, caracterizan el estado eterno:

  • Dios mismo estará con el hombre. No se mostrará como el Altísimo ni como el Todopoderoso. Dios en su amor, que todo lo abarca, morará con ellos.
  • Todos los hombres serán pueblo de Dios. Israel desaparecerá como nación separada. Las diferencias nacionales, sociales y de género ya no existirán entre las personas que habiten la tierra nueva.
  • La Iglesia (Asamblea) conservará su carácter especial en el estado eterno. La Iglesia descenderá del cielo como una novia adornada para su esposo. Este amor fresco y profundo se despliega en los secretos del cielo, pero su reflejo se verá en la tierra nueva. Será también el tabernáculo donde Dios morará en medio del pueblo.

El que estaba sentado en el trono dijo: “He aquí que hago nuevas todas las cosas” (Apocalipsis 21:5).

(Continuará)