Pepitas de oro

La Palabra de Dios

La Palabra de Dios

“La palabra del Señor permanece para siempre.”
(1 Pedro 1:25)

  • En estos últimos días, en los que injuriosamente se pone en duda la Palabra de Dios, es precioso pensar que un solo versículo de las Escrituras era suficiente para el Señor como autoridad, y le bastó para hacer callar absolutamente al diablo.
     
  • Las nuevas interpretaciones de las Escrituras no me gustan; la crema de la leche se encuentra en la superficie.
     
  • La Palabra de Dios es en sí misma su propia prueba y tiene su propio poder, aunque, seguramente sólo el Espíritu de Dios puede aplicarla al corazón. Tan sólo andando con Dios podemos probar toda la dulzura de esta Palabra y alimentarnos de ella. Creo que, bajo este aspecto, el Espíritu de Dios es un Guía cierto y, si lo tiene a bien, puede darnos pensamientos seguidos, un don continuo; pero, para que ríos de agua viva corran de nuestro interior, nos hace falta ir a beber de la fuente porque tenemos sed.
     
  • Detengámonos y preguntémonos: ¿En qué se ocupó hoy mi mente? ¿Qué he buscado? ¿La palabra de Cristo ha morado ricamente en mí? ¿Quizás hemos estado ocupados en política o en novedades de nuestra ciudad o en nuestros propios asuntos? La palabra de nuestro propio corazón o la obra de nuestra propia mente, ¿han llenado la mayor parte de nuestro día? No era, pues, “Cristo”.
     
  • Es muy peligroso querer ocuparse de la Palabra haciendo abstracción del Espíritu Santo. No conozco nada que nos separe más de Dios que el hablar de la verdad sin tener comunión con Él.
     
  • Dios no manifiesta sus pensamientos a los “sabios” y “entendidos”, sino a los “niños” (Mateo 11:25). El poder de la mente humana aplicada a las cosas de Dios, no es lo que recibe de Él bendición; sólo el espíritu de un niño “nacido de nuevo” que desea ardientemente “la leche espiritual no adulterada” (1 Pedro 2:2) encuentra la bendición. La inteligencia más desarrollada debe acercarse a la Palabra de Dios como el niño recién nacido.
     
  • No hay ninguna palabra en el libro de Dios por la que nuestras almas no puedan ser alimentadas.
     
  • Estudie la Palabra con oración. Busque al Señor en ella y no el conocimiento; éste también se le otorgará, pero el corazón sigue la correcta dirección cuando busca al Señor.
     
  • Yo creo, querido hermano, que usted ha estudiado demasiado la Palabra, pero que la ha leído muy poco. Me he dado cuenta muchas veces, de que en esto debo ser prudente. Es la enseñanza de Dios y no el trabajo del hombre lo que nos hace entrar en los pensamientos y los designios de Dios revelados en su Palabra. No quisiera que nadie vaya a suponer que yo no deseo que ésta sea muy estudiada, pero mi ardiente deseo es que ella sea leída con Dios.
     
  • Hay un Hombre que conoce la verdad, porque él es la verdad, un Hombre satisfecho de la Palabra escrita: es el Señor. No hay artimaña de Satanás que la Palabra de Dios no pueda hacer fracasar.
     
  • Cuando esta corta vida haya terminado, sólo quedará lo producido por la Palabra de Dios.